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¿Amor o condependencia?




"Amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad"
Gottfried Leibniz

Hoy recordé una comida que tuve precisamente hace tres años con la persona que posteriormente se convertiría en una atadura emocional para mí, ahora lo pienso y creo que en realidad durante todo ese tiempo la relación no cambió, solo se reforzó por los miedos, las inseguridades, el deseo de la estima y del amor, del miedo a no estar sola.
Recuerdo que la comida fue muy buena, pero al igual que posteriormente la relación, se tornó disfuncional, aún así permanecí sentada frente a él esperando una respuesta. No quise ver que también se convertiría en un circulo vicioso complicado de salir, no quise verlo porque creo que ambos necesitábamos en aquel entonces uno del otro. Depender del otro porque no nos sentíamos capaces de vivir sin que el otro nos diera de respirar, en un sentido literal.
Recuerdo que hablamos de mi pasado...hablamos de mis derrotas...hablamos de porque no tengo pareja...hablamos de mi espera...hablamos de mis tristezas...hablamos de mi vida...y hablamos de cuanto deseaba encontrar a una persona con la cual despertar…
Nunca dejaron de ser palabras, porque aunque yo pudiese escribir lo que pienso, el elaborar aquello que pienso en mis acciones y en mi inconsciente no ha sido tarea fácil, se ha convertido en un arduo camino, complejo como cualquier humano lo puede ser. En ese sentido de la codependencia que te lleva a victimizarte.

Despertar y darte cuenta que ya no te aman, y aún así seguir esperando una respuesta cariñosa de aquella persona, es una de las sensaciones más frustrantes que puedes experimentar en una atadura emocional. Es como aquella niña que busca desesperadamente el juguete favorito, y que al no encontrarlo se sienta a llorar desconsoladamente, con aquel llanto desgarrador de quien no acepta que las cosas un día están y que tal vez en cualquier momento se irán.

Creo que la misma negación inconsciente de las emociones lleva al condependiente a no disfrutar cada instante de la vida, como el amanecer frente a la ventana o aquella interacción con la persona que te sonríe cuando te acaba de conocer.
Recuerdo alguna vez haber razonado en que a veces hay que dejarse llevar por los instintos y la vida, porque en realidad es sólo una. En mi caso particular, he visto y vivido desde luego, que las personas no podemos cambiar lo que somos de la noche a la mañana, y solo un evento realmente estresante en tu vida o “tocar fondo” te hace quitarte la venda de los ojos y comenzar a vislumbrar la atadura que probablemente desde mucho tiempo llevas.
Hay días que pienso que el problema soy yo. Las personas me perciben como "complicada", a veces lo expresan de manera verbal. No sé bien a que se refieran con eso, pero sucesivamente me siento excluida y fuera de lugar. Termino alejándome y sintiéndome un tanto tonta y en ocasiones utilizada. Hay otros días en los que pienso que no depende de mí. Y que pronto llegará "alguien", como si me lo fuera a encontrar así nada más. Aunque me gusta pensar que así podría ser, sé muy bien que no lo será. Es triste. Creo que me hace falta compartir. Hablar. Reír. Incluso que me regañen. Todos necesitamos un poco de eso. Supongo. Sin embargo, ahora tras mirar hacia atrás me doy cuenta de que la necesidad inexistente por el otro, por el objeto en que nos convertimos, puede ser más poderosa que la razón, y entonces las ideas y los sentimientos comienzan a revolucionarse. No soy yo, tampoco es el otro…somos los dos en esta interacción.

“Somos” y esto cobra un gran significado, porque entonces puedo dirigirme a ti, como persona, de frente, y tan solo decirte que no te asustes, porque soy tu fiel copia…soy tu homólogo que he aparecido entre la mezcla de inmundicia y paranoia.
He aprendido ahora que yo también puedo decir, que ambos vemos fantasmas e imágenes inexplicables. En una codependencia ambos caminamos sin caminar, y nos perdemos entre la niebla. Ambos entramos en el desconsuelo y nos sacamos el corazón para ponerlo en la palma de la mano, como si eso fuese necesario. Ambos dejamos de sentir para fusionarse con el otro, y lo hacemos por convicción, por necesidad, pero jamás por un verdadero amor.
Las ideas se aturden, el dolor infecta cada parte del ser, como una infección masiva, que si bien no llega a la muerte, pero llega al inmenso cansancio.
Son días agitados sin razón, descubrimientos luminosos acompañados de calor. Y cuando se despierta llega la añoranza, la añoranza del olor de tu perfume, de las cálidas manos acariciando el rostro, la añoranza de los tiernos y pequeños ojos que se pierden sin razón.
Y entonces los brazos se comienza a agitar angustiosamente para poder sobrevivir, como aquel nadador inexperto que quiere cruzar el mar, para poder respirar ante el inminente dolor o tan solo huir, como quien intenta hacer como que no pasó nada, cuando eso no es así.
Porque a partir de ahí tu mente te traiciona, y la emoción no la puedes negar. Ahí estas tú, con el rostro transformado por la angustia, con las preocupaciones no justificadas, con la reticencia a no confiar en los demás, con los rencores prolongados, con estima perdida en la inmundicia, con tu yo dividido y fusionado al objeto.

Y entonces realizo un alto en mis pensamientos, el recuerdo de aquella comida de hace tres años con todo lo que vino después. Añoranza es lo único que por el momento puedo poseer, pues no me interesa el olvido…se trata solo de un amor perdido que promete no regresar…una codependencia que te lleva al estado paranoide. Tal vez algún día nos volvamos a encontrar en uno de esos delirios, o quizás en uno de eso sueños que solo aquel que se pierde en el otro posee…mientras tanto vivo como aquella que no recuerda y vive feliz…Como cualquier codependiente que se encierra sin querer ver lo que requiere para realmente vivir.

Porque en la vida real, las palabras ya dejan de surtir efectos, un número no existe separado de la mente que lo piensa. Lo mismo sucede con las palabras. Nos quedan los hechos desde luego, pero no consideramos que los hechos no están exclusivamente determinados por uno mismo, hay un sinnúmero de factores que influyen, hasta el clima, el tiempo, el tráfico, el mal humor, la sociedad en general.
A veces "amor" es una palabra de la que ya hemos abusado y tiene un significado más en palabras que en hechos. Como la mayoría de los conceptos que usamos a diario. Se vician. De todas formas, creo que existen hombres y mujeres buenos y malos. Quizá sea una guerra que nunca termine. A lo mejor un hombre bueno se encuentra con una mujer mala y entonces aquél se vuelve malo y actuará en consecuencia con otra mujer buena y viceversa.
Entonces, creo, habrá que seguir esperando. Sentada hasta que pueda cantar a viva voz “Cuerpo sin alma” porque mientras tanto sigo atada, y hasta hoy sigue siendo una larga espera...
Sofía

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