Para este 24 de noviembre:
Nunca he sido de
las personas consideradas físicamente bellas, tampoco tengo habilidades
extraordinarias ni atributos fuera de lo común, soy pésima en los deportes y
siempre fui una alumna promedio. Soy una persona de lo más común. Y como
cualquier persona común tengo días que he considerado especiales, y aquellos en
los cuales quisiera desaparecer, pero a los poco segundos me arrepiento porque
creo que soy bastante “curiosa” ante mi propia vida.
Estos 34 años son muy especiales para mí, tienen un significado único en mi propia vida. Hace una década comencé con mis “Encierros mentales cotidianos” un pequeño blog en el cual plasmaba muchas de mis ideas y sentimientos que en mi surgían, fue la época en la que más escribí, en la que más reflexioné sobre mi propia vida, en que decidí ver hacia mis emociones, enfrentar y afrontar cada una de ellas para llegar a la transformación.
Cada encierro mental representaba una “sensación oceánica”, cada escrito representaba lo que yo estaba dispuesta a aprender. Y a mis 24 años (en aquel entonces) estaba dispuesta a descubrir el mundo bajo otra perspectiva, dispuesta a equivocarme, y a seguir mis sueños. Me gustaba conocer personas, pero más me gustó experimentar lo que era estar conmigo misma. Me sentía dichosa de seguir viva a pesar de todo lo que había pasado años atrás, y tenía una promesa por cumplir a mi ángel especial.
Recuerdo a las
personas que me acompañaron en esa brecha del camino con un especial cariño,
realmente ninguna de ellas está presente en la actualidad, por diversos
motivos, pero no me entristece, creo que estuvieron en el momento que debieron
estar, porque tampoco nunca hubo promesas de quedarse a mi lado o amistades
eternas. Éramos un pequeño grupo de personas que escribíamos nuestras ideas sin
temor a nada. Y en este momento cobra especial significa porque es hoy en día
que me doy cuenta que realmente así son las relaciones en general.
Ahora, ya no tengo 24, ha pasado una década y me siento orgullosa de mis 34, a la fecha no me asusta ni acongoja decir mi edad. Indudablemente ya no soy la misma, en el mundo cotidiano sigo siendo una persona más entre la multitud, cuando era más joven esperaba lograr algo extraordinario e inolvidable para los otros, hoy en día ya no espero tal cosa, he vivido muchas experiencias, como muchas otras personas, y de cada una de ellas he ido y me ido transformando.
Sigo siendo una mujer ordinaria, aburrida, divagante, solo que con mayor conocimiento de mis fortalezas y debilidades. He logrado algunos sueños, algunos otros los he modificado, y otros en definitiva han quedado fuera de mi mapa personal. En este momento no existen regalos, no existen promesas, no existen palabras… solo sonidos secuenciales que se albergan en mi corazón. Soy una mujer despierta dispuesta a seguir soñando, y ello implica volver a mí, pues no sé en qué momento tiré la maleta que contenía mis sueños, mi sonrisa y mi ternura.
Consciente de que esa maleta no la volveré a encontrar, he tomado una nueva, que contiene mis ilusiones, mis nuevos sueños, mis nuevos planes, mi nueva sonrisa y la ternura que estoy dispuesta a brindar porque he encontrado en la vida a personas tan significativas; es hermoso que a pesar del tiempo, de la bazofia que vivimos actualmente en nuestra sociedad, un poco trastornada, un poco menoscabada… pueda vislumbrar lo que realmente tengo, eso que he denominado amor.
En esta época de mi vida, me sigue agradando reconocerme como un miembro del universo, y poder tomar, entonces, la decisión de moverme, de permanecer estática, o de modificarme en un nuevo elemento. Gracias a la vida porque he conocido a muchas personas, algunas de ellas, me han servido como un gran espejo en el cual me he observado, me he frustrado y me he advertido de mí misma.
Y sigo aquí, escribiendo y pensando, pensando y escribiendo de otra manera, con muchas otras ideas, dedicada a escribir sobre mi hijo, sobre la situación de discapacidad y sobre lo mucho que podemos hacer por los otros. Conocí la Resiliencia en mi vida, y dentro de mí misma. He dado un giro pero mi esencia continua, pues al igual que hace años, deseo seguir en este camino y deseo seguir caminando, parafraseando una canción “haciendo lo que el corazón diga”.
Después de una década, en un aniversario más, puedo rectificar ese afán de encontrar una verdad... una esperanza entre tantas cosas a mi alrededor... un sentido a mi propia vida, al hecho de estar aquí, y a lo que quizás hasta cierto punto, es inexplicable a mis percepciones, a mis sentidos. Sé trata hoy en día, de AMAR y SER AMADA… dejar fluir tantas bellas emociones, que un día, por alguna extraña razón, guardé.
Y me repito lo que me dije hace 10 años: observa...observa a tu alrededor y mira detalladamente a tus pies...estas en el cielo...
Felicidad
en mis 34 años…Bendita vida.

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Cómo acompañan tus palabras a esta simple mujer...