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A MIS 30


Cada etapa de mi vida resulta especial, pues cada etapa de mi vida ha marcado momentos y decisiones importantes, con todas las emociones que cada una de las etapas conlleva. Viví la ternura de los años y mi adolescencia la disfruté sin igual, llegué a los veinte con muchas ilusiones y sueños por realizar, el idealismo puro por disfrutar mi juventud y el poder encontrar la esencia de mi vida, planee, viajé, ahorré, gasté, disfruté mi vida y tomé las dos decisiones más importantes de mi vida: casarme y ser madre. No me arrepiento de ello, pues aprendí a no ignorar a mi corazón cuando algo me quería decir. Mi vida desde entonces ha tomado un rumbo diferente pues son los años que más han acelerado mi aprendizaje y en los cuales he tocado fondo en cada una de mis emociones…y me repito: no me arrepiento de nada.

Orgullosamente he llegado a mis treinta, y he aprendido que me importa más mi esencia que todo lo que exista afuera. Me desprendí de hasta mis lunares pues no solo ellos son mis marcas que me identifican, aprendí a ser camaleónica, aprendí a amar sin condiciones, aprendí a reír en momentos difíciles, aprendí que la vida es muy pequeñita y que no sabemos que pasará a cada instante. Descubrí que podía amar sin esperar que el otro me amara, que las personas que te aman están ahí y que no necesariamente esperan que yo este junto a ellos. Que los misterios de la vida son muchos y grandes, y que muchos de ellos no son aún explicados por nadie.

Aprendí a hacerme menos preguntas del  porqué, pero si pregunto para qué. Aprendí que es mejor actuar y mostrar quien soy sin miedo a nada, pues el miedo solo causó en mi confusión y desdichas. Pero sobre todo aprendí lo hermoso que es dar vida, ver a mi hijo crecer en mi vientre, sentir como se abría mi cuerpo para dar vida, sentirlo, abrazarlo, llorar con él y luchar aferrándonos a la vida por las enormes ganas de seguir adelante junto a él.

Confirmo que no existen las casualidades, y que hoy por hoy sigo en este camino aprendiendo y creciendo sin igual. Que existen grandes razones de fé para seguir luchando y para seguir creyendo que el amor existe, que vivo con el espíritu en alto y que a mis treinta, un nuevo camino comienza para mí, porque es el momento de vivir más el triunfo y el amor que la desdicha y el dolor. Es el momento de disfrutar lo que tenga que disfrutar hasta que la vida diga: hasta aquí.

Mientras tanto  sigo amando, como realmente yo Soy, dispuesta por amor a Elliot a seguir siendo esa  mujer capaz de construir desde las cenizas y amar.
 
Sof & Skeu

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