Ahí estaba ella…parada frente al parque donde alguna vez construyó sueños y en donde al final de sus días tan solo tenía cenizas.
Las esperanzas y el amor estaban muertos. No tenía nada. Eran situaciones de vida… diferentes, pero cargadas al igual de mucho dolor.
Cenizas… cenizas era lo que tenía en sus manos, tiznadas de ese blanquecino color.
Habían pasado muchos años que el primer dolor la había destruido…ahora después de haberse ilusionado el dolor podía llegar a ser más intenso, más nítido, más fúnebre.
Aquellas lágrimas de dolor no habían parado desde hacía tanto tiempo, que no podía calcular las magnitudes de las mismas. Muchas preguntas se encontraban frente a ella, podría ser un momento decisivo pero esas mismas lágrimas y esos mismos pensamientos bloqueaban cualquier acción.
Ahí seguía parada bajo la lluvia, en aquel viejo árbol en el que algún día prometió vivir, ahora aquel árbol seguía de pie…ella…ella tan solo estaba muerta.
Contra el viento y marea, con miles de sueños destruidos, con temores descubiertos y ya nada más que su cuerpo. No…ya no era aquella mujer fuerte que un día creyó ser, la soberbia la había destruido, la vida la había golpeado durante mucho tiempo.
Preguntarse porque pasaban las cosas era innecesario, la vida misma le había enseñado a ya no preguntar nada más. Respuestas…eso había deseado por tanto tiempo y lo único que había encontrado era más dolor, más desilusión, menos perdón, menos amor.
No…nadie entendía sus palabras, nadie entendía su dolor. Nadie había querido caminar junto a ella por aquellas calles calurosas.
El universo por primera vez se había detenido, el espacio en el que se encontraba estaba ahí. Con un dolor intenso en el alma, inexplicable, inacabable…era ella que se encontraba ahí…en aquel parque que la veía morir.
Sofía
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Cómo acompañan tus palabras a esta simple mujer...