NO PUEDE HABER OTRA QUE LA DE MIS ENANOS Yo no podría explicar porque pasan las cosas... Cada día que se levantaba resultaba una larga agonía. Había aprendido a realizar las cosas de manera rutinaria. Las sorpresas agradables habían quedado eliminadas de su vida. Estaba sola, y cada segundo del día pesaba para su alma. Se bañaba, comía, trabajaba, sonreía por obligación, saludaba, volvía a trabajar, volvía a comer obligadamente y dormía. Tan solo era una rutina. La comida no sabía a nada especial, solo era el alimento necesario para ese cuerpo débil. `Tan solo lo necesario`...pensaba. Y cada minuto se repetía `Estoy sola`. Por algunos momentos del día las lágrimas se escapaban, escurriendo por esas pálidas mejillas, sin que se pudiesen detener. Esas lágrimas quemaban, como quemaba el dolor en su corazón. Corazón marchitado, corazón fracturado. Algunas otras veces era el coraje convertido en gritos y golpes contra aquella inútil almohada en donde alguna vez se prometieron amor eterno...
Frente al Sendero Octuple